Ninfa & Calita
En la mitología griega, una ninfa (en griego antiguo: νύμφα, nýmpha) es una «doncella» que puebla los campos, bosques y aguas. Se trata de ciertas diosas menores que personifican, poéticamente, la fecundidad y gracia de la naturaleza. Aunque nunca envejecen ni mueren por enfermedad, y pueden engendrar de los dioses hijos completamente inmortales, ellas mismas no son necesariamente inmortales, pudiendo morir de distintas formas, aunque para Homero todas las ninfas son inmortales; y, como a diosas, se les hacían sacrificios.
A las ninfas se les atribuía una extraordinaria longevidad y se las consideraba hijas de Zeus, y como tal se les aplicaba el título de ‘olímpicas’. Su vida era mucho más larga que la de los demás seres vivos: una corneja vivía lo que nueve generaciones de hombres; un ciervo, cuatro vidas de corneja; un cuervo, tres vidas de ciervo; un fénix, nueve vidas de cuervo; y las ninfas llegaban a vivir diez vidas de fénix. El matrimonio simbólico de una ninfa y un patriarca, a menudo el epónimo de un pueblo, se repite sin fin en los mitos fundacionales griegos; su unión otorgaba autoridad al rey arcaico y su linaje.
Diferentes de los dioses, las ninfas suelen considerarse espíritus divinos que animan la naturaleza (ora referidas como el elemento natural directamente, ora como hijas de ese elemento), se representan en obras de arte como hermosas doncellas desnudas o semidesnudas, que aman, cantan y bailan. Poetas posteriores las describen a veces con cabellos del color del mar. Se creía que moraban en los árboles, en las cimas de montañas, en ríos, arroyos, cañadas y grutas.«Las ninfas, que moran en las hermosas forestas (alseides), en los manantiales de los ríos (pegeas) y en los herbosos prados (limónides)»Homero las describe con más detalle presidiendo los juegos, acompañando a Artemisa, bailando con ella, tejiendo en sus cuevas prendas púrpuras y vigilando amablemente el destino de los mortales. A lo largo de los mitos griegos actúan a menudo como ayudantes de otras deidades principales, como el profético Apolo, el juerguista dios del vino Dioniso y dioses rústicos como Pan y Hermes. Los hombres les ofrecían sacrificios en solitario o junto con otros, como por ejemplo Hermes. Con frecuencia eran el objetivo de los sátiros.
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