Até
En la mitología griega, Ate o Atea (en griego antiguo, Ἄτη: ‘desvarío, ofuscación, ruina, calamidad o desastre’) era la personificación de un concepto moral griego asociado al error que causa la ruina. Aunque generalmente no se recomienda traducir el concepto, los traductores españoles prefieren la forma «Ofuscación» (‘ceguera mental’) y, dependiendo del contexto, «Ruina» o «Fatalidad». Se trata de una divinidad ligera cuyos pies delicados sólo se posan sobre la cabeza de los mortales.
En la poesía griega Ate era una alegoría de la ofuscación: la ceguera que se apodera del juicio de los mortales cuando actúan movidos por su hibris (‘orgullo desmedido’). Esta pérdida de discernimiento conducía inevitablemente a la perdición o la muerte, convirtiéndose en la fuerza que vinculaba orgullo, error y destino trágico en la mitología griega. Paniasis dice que el exceso de bebida provoca que Hibris y Ate acarreen males a los hombres. Apolonio de Rodas refiere que incluso los dioses son a veces visitados por Ate.
En latín se traduce como Error (el «Error») y además los literatos latinos tenían un concepto similar, nefas, esto es, “acto contrario a la ley divina”. Se usa para describir acciones prohibidas por los dioses o moralmente ofensivas, comparadas con la idea de fas (lo lícito o permitido por la divinidad). Nefas nos ha dado la voz «nefasto».
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