Hercules & Love Affair
En la mitología clásica, Hércules (en latín: Hercŭles) es la forma latinizada —tal vez por intermediario etrusco—, del griego Heracles. Se trata de una metátesis de su nombre griego (Ἡρακλῆς) y en la mitología romana era hijo de Júpiter y la mortal Alcmena. Cuando los romanos adoptaron gran parte de la cultura griega, asimilaron también a sus dioses y héroes, pero los latinizaban o los identificaban con figuras propias. A su vez, Heródoto le atribuyó un origen egipcio, anterior a los primeros mitos griegos (igual que a casi todas las deidades del panteón griego), resultado de un idéntico fenómeno de asimilación cultural.
La diferencia —entre Hércules y Heracles— es principalmente lingüística y cultural, no de identidad como héroe. Cuando Roma absorbió tanto a los etruscos como a su cultura, el personaje mítico de Hercle pasó al latín como Hércules, y con él la figura del héroe.
Llevó a cabo doce grandes trabajos, llamados Los doce trabajos de Hércules y fue deificado. Se caracterizaba por su monstruosa fuerza física y por amar a la humanidad. Los romanos relacionaban al héroe con la geografía del Mediterráneo occidental, más lejos del conocimiento de los antiguos griegos. Aunque el personaje y sus hazañas son esencialmente los mismos, los romanos también le dieron matices nuevos, viéndolo como un modelo de virtud, esfuerzo y protector de los hombres, además de un símbolo de la fortaleza del Estado romano.
Durante la Edad Media, el conocimiento de la Antigüedad llegó principalmente a través de fuentes romanas escritas en latín (como Ovidio, Virgilio o Séneca) ya que el latín era la lengua culta. En obras como las Etimologías de Isidoro de Sevilla o las Heroidas de Ovidio, se le presenta ya como un héroe moral más que como un semidiós pagano. Incluso aparece en la literatura caballeresca y en crónicas medievales como ejemplo de fuerza, valor o nobleza. No fue hasta el Renacimiento, con el redescubrimiento de los textos griegos, que el nombre Heracles empezó a reaparecer en la Europa culta. Pero incluso entonces, Hércules siguió siendo la forma más usada en el arte, la literatura y el lenguaje común, llegando incluso hasta nuestros días, y de paso en la cultura occidental.
Hércules ha dejado su huella en el acervo cultural contemporáneo. El adjetivo «hercúleo» se refiere a ‘una persona muy fuerte y de gran musculatura’. Las Columnas de Hércules, en el estrecho de Gibraltar, o la Torre de Hércules, en Coruña, son unos buenos ejemplos de la toponimia española. Francisco de Quevedo, en Los sueños, usa la expresión «fuerza hercúlea» como símbolo de poder. José de Espronceda, en El diablo mundo, usa la expresión «trabajo hercúleo» con una connotación moral. En el Renacimiento y el Barroco, Hércules se convierte en símbolo del príncipe virtuoso, capaz de dominar sus pasiones, como sucede en el tema de Hércules en la encrucijada y su diatriba entre la Virtud y el Vicio.
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