VAMPIROS
Un vampiro (del francés vampire, y este del alemán vampir, en último término del serbio vàmpīr) es, según el folclore de varios países, una criatura mítica que se alimenta de la esencia vital de otros seres vivos (usualmente bajo la forma de sangre) para así mantenerse activo. En el folklore europeo, así como en la cultura global contemporánea, los vampiros son humanoides muertos vivientes, depredadores y chupadores de sangre que a menudo visitaban a sus seres queridos y causaban problemas o muertes en los vecindarios que habían habitado mientras estaban vivos. Vestían sudarios y a menudo eran descritos como hinchados y de tez rojiza u oscura, en marcado contraste con la imagen contemporánea de vampiros pálidos y demacrados que proviene de comienzos del siglo XIX. El prototipo y todas las características de lo que hoy en día se conoce popularmente como un vampiro, es de origen eslavo.
Entidades vampíricas han sido reportadas en culturas de todo el mundo, pero el término «vampiro» se popularizó inicialmente en Europa Occidental tras reportes de una histeria colectiva en el siglo XVIII basada en creencias folclóricas preexistentes en Europa Suroriental y Oriental. Esta paranoia llevó en algunos casos no solo a que ciertas personas fueran acusadas de vampirismo, sino a que los cadáveres de supuestos vampiros fueran atravesados con estacas. Variantes locales en el sureste de Europa también eran conocidas por diferentes nombres, como shtriga en Albania, vrykolakas en Grecia o strigoi en Rumania, cognado del italiano strega, que significa 'bruja'.
En tiempos modernos, los vampiros generalmente se consideran entidades ficticias, si bien la creencia en criaturas vampíricas similares (como el chupacabras) persiste todavía en algunas culturas. La creencia popular temprana en los vampiros ha sido a veces atribuida a la ignorancia sobre el proceso corporal de descomposición tras la muerte y la manera en la que las personas de sociedades preindustriales intentaban racionalizar este procesos, creando la figura del vampiro para explicar los misterios de la muerte. De acuerdo con esta idea, cuando se desenterraban cuerpos (típicamente en medio de brotes de peste, con el objeto de encontrar alguna causa), las personas se sorprendían de encontrar en los cadáveres señales como cabello o uñas que parecían haber crecido, fluidos en la boca y la nariz o cuerpos hinchados. En 1985, el bioquímico David Dolphin propuso que la leyenda de los vampiros se basó de hecho en personas que sufrían de porfiria, un grupo de raros trastornos sanguíneos, cuyos síntomas a veces incluyen una hipersensibilidad a la luz (que les causa ampollas severas), encías retraídas, hipersensibilidad al ajo y palidez (debida a la anemia crónica). Esta teoría recibió amplia atención en los medios, pero desde entonces ha sido en gran medida rechazada.
La imagen carismática y sofisticada del vampiro en la ficción moderna tuvo su origen en 1819 con la publicación del cuento El vampiro del escritor inglés John Polidori. Esta historia se hizo muy popular y fue probablemente la obra más influyente sobre vampiros de comienzos del siglo XIX. La novela Drácula (1897) del escritor irlandés Bram Stoker es recordada como la novela de vampiros por antonomasia y ofreció la base de la leyenda moderna del vampiro, si bien fue publicada después de Carmilla, la novela de su coterráneo Joseph Sheridan Le Fanu, publicada en 1872. El éxito de Drácula dio origen a un género de vampiros distintivo, aún popular en el siglo XXI a través de libros, películas, series de televisión, cómics y videojuegos. Desde entonces, la figura del vampiro se ha convertido en una figura dominante en el género del horror.
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